Tras muchas horas de avión y de escalas, y de pasar por Holanda y Panamá, el 24 de febrero aterrizé en Managua. Allí me recogió Felipe, el taxista de la ONG, que me llevó a Granada. Por el camino me fue poniendo al día de cómo están las cosas por Nicaragua.
Me hizo ilusión volver a ocupar la habitación en la que estuve el año pasado. Todo seguía igual. Como estaba muy cansado y la noche era fresquita, dormí muy bien. Es curioso que sea la estación seca y haga mejor temperatura que el año pasado que era la lluviosa.
Al día siguiente, y tras desayunar en uno de mis sitios preferidos, comenzaron los reencuentros con la gente conocida. Cuando caminaba hacia la oficina tuve la sensación de que había estado fuera poco tiempo y no cinco meses. Granada ha cambiado poco. Fue un placer volver a saludar a Pauline, Donald, Karem, Antonia, Ramón y a los demás. Y fue un placer degustar mi primera Victoria y mi primer Flor de Caña.
En cuanto al trabajo, seguiré con el mantenimiento de las casas de voluntarios pero también acompañaré a Donald (coordinador) a las escuelas para ver su trabajo y haré algunos trabajillos en la oficina. Ya os iré contando....
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